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domingo, 3 de diciembre de 2006

isto era pa prensa

Congreso de arqueólogos



Qué gratificante y reparador fue oir que fue cosa del pasado la destrucción sistemática del legado arqueológico municipal. Hoy no pasaría, hoy hay abundantes leyes, pero sobre todo hay sentido común, nos dijeron. Porque atentar contra la riqueza arqueológica es un sinsentido patológico, muy cercano al suicidio colectivo, bueno según un tal John Ruskin. Pero hoy, gracias a Dios hay sentido común. Tanto que desborda.

Todo comenzó en los años 80, ( pero no tuvo nada que ver con la movida madrileña). En la Plaza de la Constitución unos arqueólogos dependientes de la Universidad de Santiago plantaron sus trabajos como respuesta a la celeridad que les quería imponer en su trabajo el concejal sr Mosteirín, ya de aquellas famoso por su dinamismo. Total sólo habian aparecido unas lápidas paleocristianas. Hubo un impasse tras el cual apareció la egregia figura de otro tipo de arqueólogo que entendía las ansias del pueblo de Lugo, que estaba un pouquiño farto. Un arqueólogo a la maniera de los nuevos tiempos, que llegó a autoproclamarse “arqueólogo de Atila” pues presumía de hacer excavaciones montado… ¡en el cazo de una excavadora!. Método no muy ortodoxo. Ese arqueólogo vino con sus adláteres que desde entonces moran entre nosotros. Pena es que no recuerde su nombre, que lo tenía, para pedirle al Concello un monumento que honre su memoria. Él, como Orestes al principio, tampoco temió a las furias, lo digo por lo de los remordimientos.

PacoCabarcos

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