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jueves, 10 de mayo de 2012

Don José López Calo

Ayer lo entrevistaron en la tele y lo ví... y rememoré. Aluciné lo bien que lleva la edad, +/- 80. Recordé que le debía algo, y por eso pergueño esto, me percaté minutos antes reenviando un video  en el que Jordi Savall dirigía y tocaba concerto grosso nº 6 de A. Corelli. Al verlo recordé que él siempre asociaba a Corelli  a Torelli, aunque éste recibió menos fama. Fueron músicos por si alguien...No obstante, mencionar sus nombres ya es música.


El jesuíta P Calo se mostraba ante la cámara vivaz, inquieto como unas hormonas adolescentes, un bule bule. Se definía como cura de aldea....y lo es. Pero José López Calo será recordado como un Musicólogo de talla mundial. Y yo tuve suerte de que se cruzara en mi camino, aunque tardara casi 30 años en reconocer la deuda.


Mucho nos choteábamos de él, de su bonhomía (ya se sabe que cruel es la juventud), de cuando  juntaba las manos y se las llevaba a los labios y nos llamaba "hijos míos". También nos escarllábamos cuando para poner un ejemplo aporreaba un desafinado piano que presidía el aula de Hª de la Música. Y él, ante el choteo general, mascullaba una gran verdad "hijos míos no sabéis lo complicado que resulta tratar de enseñar Historia de la Música a quien no sabe música". Era realmente un poco contradictorio, y lo mismo podían decir todos los profesores de Arte, pues aunque éramos artistas..del alambre..Se nos venía grande el concepto.


Mencionaba en la entrevista los Jueves Musicales, que tenían lugar en el coqueto auditorio del campus. Cómo no lo iba a recordar. Repartía entradas al final de la clase y yo  un día pillé dos, para mi amigo proletario de Vigo Eliseo, y para mí. Pretendía culturizarlo, labor que se volvió imposible. La gente afiliada al algun sindicato le "cuesta" caer en el sentimentalismo aristocrático...porque yo también viajo en los vagones de tercera (mi pequeño homenaje a Honoré Daumier) pero me gusta pajearme con lo burgués. Descontextualizandolo, colándonos en los salones, oliendo a obrero ( Blas de Otero), como hay que hacer en toda la Historia del Arte... para gozar a nuestra manera. Es lo que hay, es lo que tienen las pajas, incluso las mentales.


Y recuerdo que los intérpretes eran una orquesta de cámara caucásica compuesta por unos hombretones dirigidos  por un hombrecito pequeño en estatura pero con autoridad. Me recordaba a mi padre, me era familiar. Se llamaba Bodhan Warchall y justo antes de empezar  la borrachera optimizante de la Roma de entre los siglos XVII y XVIII, aspiró profundamente. Pasaron muchos años y aún no respiró. Sigo soñando con la música acaramelada, dulce como la ambrosía, del  dicho Arcangelo Corelli.


Su música me asaltó inoportunamente en medio del Panteón romano cuando descubrí que allí reposaba. Me inundó la felicidad plena de un dilettante de la cosa artistici.  Fue la vez que estuve más cerca del éxtasis...Bueno también lo estuve en la iglesia de Santiago de Carrión de los Condes, donde imaginé cagándose por encima a algún/a peregrin@ ante la terrible y verídica visión del juez del Juicio final, Rex Tremendae Maiestatis. Es cierto, real, palpable, a todos espera....


Esperando, en estos tiempos de déficit, haber saldado la deuda, me despido de vuecencia.

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