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jueves, 14 de febrero de 2013

Irrepetible Virxilio



Reflexión respetuosa y heterodoxa de un diletante sobre la evolución de la concepción del término artísta desde antiguo donde era subvalorado hasta hoy donde está sobradamente hipervalorado.


Entiéndanme, nadie le dice “artista”. Llega con que él se lo crea. Yo tengo serias dudas de que esto sea así. La superabundancia de “artistas” queda patente cuando una exposición de artistas locales ¡VIVOS! junta más elementos que a lo largo de dos siglos y pico reunió el precursor Giorgio Vasari...hablando de los siglos que en Italia se desarrollló el fenómeno Renacimiento. La conclusión es “el próximo Renacimiento será “lugués” o lucense”. Por lógica o x pelotas.

Y para empezar este periplo, partiremos de la famosa carta de presentación de Leonardo de Vinci a Isabel de Este (documento primordial en la Sociología del Arte) pasando por las elucubraciones de un tal Achile Bonito Oliva y su máxima “Arte es todo”, slogan propio de vendedor de coches usados, algunos maltrechos. El punto final lo pondrá desasosegante criterio de un amigo”artista plástico”: “Paco, hoy los artistas somos filósofos”.

No pude evitar recordar la amistad entre Carème y Rossini. Rossini les sonará: era músico y está enterrado en la Santa Croce florentina. Voy a tratar al sr Carème como el cocinero del barón de Rotschild, aunque tuviera otros anhelos. A Giochanino le gustaba obsequiar a su amigo con pequeñas composiciones dedicadas. Carème le correspondía con un pavo trufado, plato preferido del músico. Éste consideraría pretencioso que, en lugar de eso, Caréme le presentara un cuarteto para cuerda. Carème tampoco le placería que el obsequio que recibiera fueran unos canelones, aunque fueran alla Rossini.

Una de las particularidades de la figura contemporánea del artífice es que éste insiste en lo que él hace es Arte. No espera nuestro criterio. Bien es eso cierto que genios como Picasso, Marcel Duchamp, Joseph Beuys y el pobre Antonio Gaudí contribuyeron sin querer a tal atrocidad.

Corría el año 1999, me sonaba el nombre ¿cómo olvidarlo? de Virxilio Vieitez que un tiempo atrás había rachado la pana con una exposición en Vigo. Había sido su primera exposición, que promoviera su hija Keta. Él tendría de aquelllas cerca de 70. Él era de Soutelo de Montes, igual que el gaiteiro, casi mítico, Avelino Cachafeiro. Él no perdía el sentido por viajar, por ver otros lugares. Os galegos somos así: “filla, visto Lugo, visto o mundo”. Pero Virxilio viajaba, con su cámara viajaba “a tutti il Universe e ... in altri siti”.

Qué barroco soy. Viendo la exposición en el Museo do Pobo Galego, me golpearon los recuerdos de que yo había desarrollado en torno al conocimiento de la Historia del Arte, y empecé a alucinar. Este hombre compoonía fotos al estilo del pintor decimonónico F Millet, daba testimonios de defunciones, casamientos y así su Arte retomaba su funcion. Pero al final la teoría me hizo cagarla. Siempre fui entusiasta. No sé como lo reconocí, pero el caso es que así fue. Venía al final de un pasillo con dos amigas desgranándoles los secretos de cada foto. Con paso decidido me acerqué ofreciéndole mi mano tendida, mientras le decía:

Muchas gracias por su arte”
Él negó con su cabeza........................... “Non mire, eu artista non son. Eu sóo tiro fotos e teño que facelo ben....para que me chamen”.

Virxilio, estás el el Olimpo de las emociones, aunque esto te suene a chino. Y para preservar tu memoria, hago ésto. Fecit.


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