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lunes, 19 de enero de 2009

Zapa y la historia

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Comparto con un amplio grupo del género humano la opinión de la inutilidad del discurso moral de la historia. No soporto el habla cadenciosa de los peritos en la materia. Peritos vinculados al uso de estupefacientes varios, por otra parte, como demostran derradeiros informes da CIA. O cal os desluce moralmente. Está probada su tendencia a la pederastia . por outra banda ¡qué cojones me importa a mí lo que dijera un cidadán do Imperio Romano!, no cal vivían sin electricidade, en todo caso era un mundo subdesenrolado, atrasado, sumamente violento. Nós andamos por outros camiños. Nos preocupa o cambio climático, a cuadratura do círculo, a estinción en Papua-Nueva Guinea da mais estraordinaria bolboreta. En definitiva; somos seres conscientes y comprometidos. Siempre solidarios. O que hai dúbida é hacia quen diriximos o nosa condescendencia, hacia o culpable ou hacia o inocente. Pero temos a Escolástica.

E dizer: a historia non vale para nada pero, dado cas cousas mais hermosas do mundo, tampouco valen para nada que se poda contabilizar, eu vou a miña bola propia de librepensador.

Sigo con interese toda-las actuaciós do egrexio ventrilocuo e ilusionista leonés José Luis Rodriguez Zapatero nos decisivos contubernios internacionales –nos cales, como xa dixo o profesor Mario Perniola, se liga moito, o cal e bó para a fraternidade entre os respectivos pobos dos que se deitan xuntos-. Actuaciós na maioría dos casos inducidas pola sinerxia propia destas cumes nas que prevalece un ilimitado senso do ridículo. Algo irrefrenable. Semella as veces que están nun concurso de paiasos. A ver quen di a cousa mais peregrina ca cara mais seria, ca ca xente se escaralle de risa. ¿Cómo senon se entende cos que armaron a Israel, saneando parcialmente as contas de algunha empresa nacional, señan os mismos que agora andan buscando desesperadamente a paz?. Non me condenedes pero esta busqueda habría que adxetivala de helenística, que foi aquel momento en que cas tolas ménades bailando de Scopas apareceron, irrumpindo o pathos na Historia da Arte, que coma a outra Historia non vale para nada. Pero nos vale para redefinir tal desesperada búsqueda que é, de por sí, patética.

O rebufo desta boutade nunha das suas derradeiras intervenciós Zapa sorprendeu a comunidade internacional –nome artistico dunha xeira de países-pintamonas cando saen de xira teatral- pedindo axuda económica para reconstruir Gaza. O cal me plantexa
unha dúbida esistencial. ¿Cando se viu cos actores mudos dunha masacre, paguen os daños da debacle producida polo matón da clase?. ¿Cando se viu cousa parecida?. ¿O u é que están acolloados?.

Xa deixei mais arriba dito – ut supra diximus – que eu limpiome o cú con todo tipo de summa, convencido que este e o millor aproveitamento que se pode facer da dita Historia.

PERO Zapa debía recordar o escuro episodio do conde levantisco lucense Rodrigo Ovéquez, feito intranscendente que case desluce a entrada triunfal en Toledo do Rey, tamén leonès, Alfonso VI en 1085. Esto escribo porque soy morador vicino a los cubos de la muralla que el coflictivo conde derribó para refugiarse después en la catedral, y hacerse con el control de la villa. Pasándose el juramento hecho poco antes en la iglesia de San Juan del Campo por el mismo sitio que Israel se pasa las resoluciones de la ONU. Pero de esta, el tiro le salió por la culata. El Rey, con algunos de sus hombres, se dió vuelta a la vista de las murallas de Toledo y puso rumbo (las fuentes callan, pero yo intuyo que siguiò la N-VI) a Lugo, que de aquellas nadie identificaba ca terra do nabo. Llegó y en cuestión de horas – no le llevó 22 días- sus huestes vencieron a las tropas de Ovequez. Al cual con mucho celo atraparon cuidando no producirle
daño alguno. Era importante, pues el Rey le impuso, entre otras claúsulas, el restablecimiento de todo lo que arruinara. Restablecimiento que había de pagarlo de su erario. ¡Faltaría más!. Obediente rehizo la muralla y se disponía a restaurar las partes dañadas de la Catedral. La cual debió quedar algo chunga, pues precisamente el coste de la reparación de esta obra era tan grande que los contables del momento opinaron que era más rentable sustituir la fábrica odoariana por una nueva. Este hecho está acreditado por un documento, hasta hace poco en el archivo catedralicio, que confirma el encargo mediante contrato entre el cabildo y el maestro Raimundo de Monforte, al cual si el señor no daba tiempo a terminar la obra, el contrato estipulaba que lo sucederúia en la dirección de las obras su hijo. ..en el Año del Señor 1129.

Espero que este puto e inútil rollo plazca a alguna mente sensible. No aspiro a otra cosa

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