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jueves, 16 de febrero de 2012

Por qué callo?


Esta imagen define mi estado de  ánimo actual, y me fuerza a hablar, más como un aullido (Allen Ginsberg) o si prefieren un andalusí quejío. Un poco prepotente soy, a quien le importaba que yo callara?. Realmente todo el mundo estaba feliz con mi silencio..No se molesten, es autoestima.Realmente sigo el protocolo de Rainer M Rilque: ud escriba cuando no se pueda aguantar.

Nos amputaron la organicidad, como hicieron con el paquidermo, que es una manera poética de decir que nos van a matar. Están obsesionados por sorbernos el seso, el entendimiento, la razón. Si no es con la prima de riesgo es con la quiebra del sistema de salud, el caso es tenernos aterrorizados, lo cual le da la razón a las tesis de Naomi Klein. La amenaza gala con la que jugaron todo el tiempo los romanos. Nihil nova res sub solis. Contrapesa la balanza los éxitos deportivos y los desastres naturales como lejanos terremotos, inundaciones, tsunamis, epidemias de hambruna. Todo hace que exclamemos: "menos mal". Y así consiguen violarnos, pero disfrutamos... o eso creemos.

Yo, que siempre fui tan dicharachero, optimista incorregible, inmune  al desaliento, soy el primero en sorprenderme. Quiero, necesito silencio, Toda mi vida me persiguió el horror vacui de la fiesta pero ahora necesito silencio reflexivo.

Quizá contribuya a esto la convivencia que mantuvimos estos días un grupo de atáxicos en Burgos.  Los enfermos crónicos tenemos claro que todo es cuestión de prioridades vitales. Y coincidimos con la reflexión hecha en una inscripción de una  casa en Santillana del Mar: "Morirscierto". No nos entretiene la paja, nos importan los conceptos universales, LA VIDA, sopratutto.

 Y ya fuera en el monasterio de las Huelgas Reales, ya en la Cartuja de Miraflores, me sentía atraído por la vida monástica, incluso no me aterraba el voto de silencio cartujo. Hablar, para qué?.

Todo apesta: los recortes que nadie sabe para qué sirven, la reforma laboral, la situación de crisis mundial, el fiasco de nuestras políticas económicas, las guerras a las que el Tío Sam se ve abocado para seguir manteniendo su hegemonía (disfrazada de extensión de la democracia), lo que confirma que el limes peligra.

El contubernio se culmina con miles de erráticos y falsos debates, hechos por tertulianos profesionales, que creen encarnar la libertad de expresión, cuando su incidencia es nula cuando se trata de tomar medidas. Pero eso sí: crean la sensación de una sociedad libre.

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