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viernes, 29 de mayo de 2015

Una fecha a recordar





El día 12 de Marzo del 2015 amaneció como un día normal. A las 8.3 levantamos a nuestra madre que, sin rechistarle mucho a mi hermana, le desayunó.

Llevaba unas semanas pachucha; catarros con los consabidos remedios antibióticos, e infecciones de orina, con remedios más de lo mismo. Tanto antibiótico la tenía hecha papilla. Por eso nos alivió que desayunara.

A las 10 vino Yanira, fisioterapeuta que le estimulaba los pulmones para que consiguiera expulsar flema. Con lo fuerte que había sido ella, ahora no daba expectorado. La flema pulmonar era ahora un problema mayúsculo, pero ella siempre pudo con toda adversidad.

Con Yani en casa, como todos los días me dispuse a cumplir el protocolo del café que no era sólo ver a Silvia, tomar dos descafeinados con leche con una nube extra de espuma de leche, encender la tablet, ponerme las gafas y leer, sin descuidar saludar a los que nos veíamos allí todos los días. Pero al poco de sentarme vino Suso, amigo mío pero más de mi hermana. Estaba sin trabajo y se hallaba en casa casualmente. En aquel momento nadie pensó en la Providencia. Me dijo que mamá había tenido un súbito empeoramiento. Marchamos a casa, entramos y fuí a su habitación.

Estábamos preparados No me asustó la falta de color, los astros de la noche inmemorial hacia donde se dirigía habían sustituído al Sol en sus mejillas. Mi hermana y yo la besamos, su rictus era ya una princesa inmortal, una bella princesa Saítica, genuína ninfa da Ponte do Miño, con una expresión seductora, una expresión de bondad, de gratitud a la vida, de paz. Paco, eu moi feliz che fun, me había dicho en el balneario de Arnoya. Así era Conchita que, sin molestar dejó este mundo, escribiendo esa fecha en nuestra historia vital, 12-III-2015. Ya nada volvería a ser lo mismo, nunca.


Para qué estábamos preparados?. Para entender que nuestra naturaleza es mortal. Hacía dos meses habíamos tenido un ensayo general; estaba desayunando y, de repente perdió el color, la respiración tomó una cadencia extraña, se dejaba ir, no nos atendía. Alarmados, llamamos al 061 y mientras lo esperábamos empezó a recuperar. Cuando llegaron los jóvenes y resolutivos médic@s, Conchita había vuelto. Los facultativ@s no daban nombres raros, latinos; no sabían pero ya nos advirtieron que otra vez el resultado podía ser diferente, divergente.

1 comentario:

  1. Fermosa crónica da natural e antinatural natureza da morte, da simultánea aceptación e amargura que suscita. O abismo da orfandade asumido con dignidade e amor. Parabéns.

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